Aegnor el Fogoso

Era un día caluroso y Aegnor se encontraba en la taberna disfrutando de su jarra de cerveza cuando entró la persona que menos deseaba ver: el borracho oficial del pueblo, Mandler, el cual nada más verlo fue a buscar pelea. Aegnor, al verlo ya en su situación tan habitual intentó ignorarlo, pero este, que ya le conocía las cosquillas, le atacó al punto débil: Ninniel, la camarera, de la que estaba abiertamente enamorado. Mandler se dirigió a la muchacha y empezó a propasarse con ella, lo cual provocó la ira de Aegnor, que lo agarró y lo lanzó fuera de la taberna, saliendo detrás a pegarle la paliza de su vida. Mandler se levantó y siguió provocándolo, diciendo auténticas barbaridades e insultando gravemente a la pobre Ninniel que no tenía nada que ver en el asunto. El enfado de Aegnor llegó a tal punto que de su alrededor surgió un remolino de fuego que cayó sobre Mandler, calcinándolo y luego deshaciéndose en un estallido que milagrosamente no hirió a nadie ni provocó ningún daño material. Al darse cuenta de lo sucedido empezó a huir y al llegar a un callejón sin salida, se encontró con tres personas que le cerraban el paso. Estos avanzaron hacia él y uno de ellos le dijo:

-No temas, sabemos lo que puedes hacer y podemos enseñarte a controlarlo. Ven con nosotros.
-¿Quienes sois y que queréis?- preguntó cada vez mas asustado Aegnor.
-Somos los Tres. Existes gracias a nosotros y te ayudaremos si nos dejas.
-Dadme una prueba.
-Como quieras.

El que estaba hablando extendió la mano y en ella apareció una bola de fuego, que se transformó en una bola de hielo, en una piedra y en una extraña bola de gas. Al ver éso Aegnor se arrodilló y suplicó clemencia. El segundo de entre ellos se acercó y lo levantó diciendo.

-No hay nada que perdonar. Vosotros los humanos sois muy pasionales y si no controlas tus poderes te puede volver a pasar. Ven con nosotros y aprenderás todo lo necesario para que esto no vuelva a pasar.
-Podéis hacer lo que queráis conmigo- respondió apenado Aegnor.
-Solo tendrás que acompañarnos. No te preocupes por lo que queda atrás, algún día podrás volver y recuperarás tu vida. Y tranquilo, volverás a verla, aunque te llevarás una sorpresa.
-¿Que quieres decir?
-No intentes saberlo todo, cada cosa en su momento.
-O si no te estallará la cabeza – dijo entre carcajadas el tercero, que hasta ese momento había estado callada, aparentemente pasando de todo.

Y así Aegnor se convirtió en el primero de los discípulos de los Tres, el más grande elementalista de fuego de la historia.

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